Cuando una empresa o un particular necesita un servicio de traducción, puede que no tenga claro si contactar a un traductor o una agencia. Ambas opciones son legítimas, aunque presentan sus respectivas ventajas e inconvenientes.
En todo caso, al contratar un servicio de traducción profesional, lo importante será siempre conseguir un producto final de calidad. La traducción deberá ser fiel al texto original, adaptarse perfectamente a la cultura receptora y estar bien redactado.
La clave para saber si es más conveniente para un posible cliente recurrir a una agencia de traducción o a un traductor autónomo reside en comprender las disparidades entre ambos enfoques.
Pros y contras
Productividad: Generalmente, las empresas de traducción tienen una capacidad productiva superior a la de un traductor autónomo, ya que suelen disponer de una amplia base de datos con proveedores especializados en diversas disciplinas. Por lo tanto, traducir proyectos de gran volumen, repartiéndolos entre varios profesionales, les resultará una tarea más fácil.
Multi-idioma y multi-servicios: Por la misma razón mencionada anteriormente, al contar con diversos proveedores, una agencia puede ofrecer una amplia gama de servicios lingüísticos (traducción, subtitulación, interpretación, revisión, maquetación, etc.) en desde distintos idiomas de origen y hacia múltiples idiomas de destino.
Coherencia en los textos y plazos de entrega: Sin embargo, debido a estos grandes volúmenes, la gestión simultánea de múltiples profesionales puede dificultar mantener la coherencia entre distintos proyectos de un mismo cliente e incluso dentro de un mismo proyecto. En cambio, al contratar a un traductor autónomo, todo el proceso recae en un único profesional dedicado, garantizando alta calidad, coherencia y una reducción significativa de los tiempos de entrega.
Comunicación directa y resolución de problemas: Al optar por un traductor autónomo, la comunicación será más directa y la relación de colaboración cliente-traductor más estrecha, relación que se diluye cuando se introduce un intermediario. Esta comunicación directa garantiza una traducción que refleje fielmente la visión y el mensaje del cliente. Además, el traductor autónomo podrá intervenir de manera rápida y directa en cualquier fase del proyecto para resolver cualquier incidencia que pueda surgir.
Precio: Como es lógico, la variedad de servicios y proveedores que puede ofrecer una agencia hace que sus costes se encarezcan. En cambio, un traductor autónomo se encarga de todas las funciones, desde la gestión hasta el control de calidad, lo que puede reflejarse en tarifas más ajustadas.
Entonces, ¿cuál es la mejor opción?
No existe una respuesta única a esta pregunta. Cada caso, cliente y proyecto son diferentes. Sin embargo, podríamos decir que para multinacionales y grandes compañías con grandes volúmenes de trabajo en múltiples idiomas (más de 4), externalizar los servicios de traducción a empresas especializadas suele ser la decisión más acertada. Por otro lado, para pequeñas y medianas empresas que operan en un número limitado de idiomas (entre 1 y 4), lo mejor sería optar por una comunicación más directa y establecer una colaboración más cercana contactando a traductores autónomos.